PALEOLÍTICO SUPERIOR

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PALEOLÍTICO SUPERIOR

Mensaje  Mergalon el Lun 16 Mar 2009 - 1:00

Paleolítico Superior

El Paleolítico Superior es un período del Paleolítico que se extiende aproximadamente entre el año 33.000 a. C. y el año 9.000 a. C.

Tras el Paleolítico Medio (120.000-35.000 a.C.), Período en el que vivió el Homo Neanderthalensis, se desarrolló el Paleolítico Superior. Tradicionalmente se ha dividido este período en cuatro fases: Auriñacense, Gravetiense, Solutrense y Magdaleniense. El Paleolítico Superior comienza con la aparición del Homo Sapiens y coincide también con la máxima expansión del glaciarismo alpino; predomina, por tanto, el clima frío aunque con períodos templados. Los grupos humanos parecen preferir lugares con ecosistemas dotados de gran variedad de biotopos, de modo que pueden ejercitar la caza, la pesca, el marisqueo y la recolección, ayudándose de instrumentos cada vez más especializados y controlando su territorio con enclaves estacionales. La economía sigue siendo depredadora, pero se intensifica y especializa la explotación de los recursos, lo que contribuye al aumento demográfico. Por último, la complejidad del pensamiento se plasma en el arte rupestre y mueble.


Reconstrucción de una vivienda del paleolítico


Cáceres-cueva de Maltravieso


El Magdaleniense es el último período del Paleolítico, comprendido entre el 15.000 y el 6.000 a.C. Se desarrolló durante las fases frías-templadas de la glaciación Würm IV. Los grupos humanos tienden a vivir más que antes en cuevas y abrigos, que se han localizado en casi toda la Península, aunque destaca su concentración en la zona Cantábrica. Algunas de dichas cuevas ya habían sido ocupadas en períodos anteriores y otras se ocupan por primera vez en esta fase. La sucesión de períodos de ocupación y desocupación, con los restos materiales de la actividad humana abandonados o destruidos, queda registrada en la superposición de estratos que permite a los arqueólogos reconstruir toda la secuencia





Cueva del Reclau Viver (Serinyá - Girona): las primeras ocupaciones son contemporáneas a la llegada de los humanos modernos, hace unos 39.000 años.


Coincide con los últimos períodos de las glaciaciones wurmienses, de clima muy frío aunque con intervalos templados. También se caracteriza porque las especies humanas de los anteriores períodos, como los Neandertales, comienzan a tener problemas para subsistir y una nueva, recién salida de África (o no, atendiendose a las diferentes teorías), las comienza a sustituir. Se trata del Homo sapiens sapiens u hombre de Cro-magnon.

Época dominada por el hombre de Cromañón. Este fue el ser humano que dejaría las pinturas rupestres, o en tablillas, y que maneja un utillaje muy complejo, propio de cazadores. Es el periodo en el que se encuentran la mayoría de las culturas.



El Hombre de Cro-Magnon es el nombre con el cual se suele designar al tipo humano correspondiente a ciertos fósiles de Homo sapiens (es decir, la especie humana actual), en especial los asociados a las cuevas de Europa en las que se encontraron pinturas rupestres. Suele castellanizarse y abreviarse como cromañón, sobre todo para su uso en plural (cromañones). Se le denominó Hombre de Cro-Magnon (Piedra Grande), debido a una cueva francesa en la que se halló uno de sus fósiles. Su datación es entre hace 10.000 y 40.000 años. Su aparición se toma como el hito que da comienzo al Paleolítico superior desde el punto de vista antropológico.




Cráneo de un hombre de Cro-Magnon



Los grupos humanos de este período se especializan en la explotación de los recursos más próximos, como la casa y la pesca, al mismo tiempo que la recolección de moluscos, crustáceos y vegetales alcanza mayor importancia en su economía. Para facilitar estas faenas fabricaron nuevos instrumentos de piedra y hueso. Los primeros se caracterizaron por su pequeño tamaño (de ahí que se les denomine microlitos) y por su obtención a partir de lascas o de hojas que, retocadas, se convierten en buriles, punzones, raspadores, etc. Los segundos son principalmente azagayas y arpones obtenidos a partir de huesos y astas.


Arpones decorados (Exposición Atapuerca)


El arpón es uno de los nuevos instrumentos de este período y debió de facilitar la pesca de salmones y truchas, entre otros peces, actividad económica que se completaba con la caza y con la recolección de bígaros, lapas y otras especies de clima frío. Los grupos humanos llegaron a desplazarse hasta 20 km para alcanzar la costa desde los lugares de habitación. Los estudios arqueo-zoológicos y polínicos permiten conocer cómo era el medio en el que vivieron los cazadores recolectores de este periodo. En la zona cantábrica centraron la selección cinegética en el ciervo, aunque también cazaron cabras, caballos, y en menor medida, rebecos, renos, bisontes y uros. A ello cabe añadir las aves del bosque (faisán) y acuáticas (grajilla). Para la caza de estos animales, algunos muy ágiles, usaron armas arrojadizas, como las azagayas enmangadas en astiles de madera que lanzaban con fuerza contra sus víctimas, del mismo modo que utilizaban el arpón para la pesca. Para darles más impulso, quizás emplearon algún procedimiento de propulsión. Algunos de estos instrumentos, posiblemente los más destacados por la función a la que se destinaron fueron decorados con motivos grabados.


Bastón perforado decorado con una figura grabada de ciervo de la Cueva del Castillo (Cantabria)


Los procedimientos de caza que aplican los grupos de cazadores-recolectores del Magdaleniense implican una especialización que se pone de manifiesto en la selección previa de determinadas especies, en la elección de lugares y épocas del año más favorables y en la organización de asentamientos estacionales. Estas medidas estratégicas se complementaron con la elaboración de instrumentos cada vez más diferenciados según su utilidad. La variedad de instrumentos nos permite deducir que las actividades de cada grupo aumentaron y se diversificaron, aunque no podemos conocer los criterios de distribución entre sus miembros. La variedad de instrumentos que se producen en este período se corresponde con la diversidad de actividades que se realizaban en el seno de los grupos de cazadores-recolectores para resolver sus necesidades de abrigo, habitación, alimentación y adorno. Destacan por la frecuencia de su aparición los raspadores, que posiblemente sirvieron para curtir pieles y trabajar la madera y el hueso; los perforadores, cuyo extremo aguzado servía para taladrar la madera, hueso o asta; los buriles y, por último, las hojitas de dorso.



Utensilios








Aunque hay indicios de que en el Paleolítico Inferior el hombre desarrolla su pensamiento ideológico y religioso, hasta el Paleolítico Superior no tenemos constancia de ello. Así parecen indicarlo tanto el hallazgo de enterramientos, en los que el esqueleto aparece en una fosa junto a los restos de adornos con los que se enterró al difunto, como las primeras representaciones de animales, figuras antropomorfas y signos, realizadas sobre superficies rocosas o sobre pequeñas piezas de hueso o asta, cuyo significado aún no se ha interpretado.

Pinturas





Signos: 1) Extensión de los glaciares; 2) Cultura ateriense; 3) Área de expansión del pueblo auriñaciense; 4) Área de expansión del pueblo solutrense; 5) Puente de hielo entre el continente y Gran Bretaña; 6) Estaciones y yacimientos prehistóricos; 7) Líneas de marcha de la cultura auriñaciense; 8) Líneas de marcha de la cultura solutrense.



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