Auschwitz

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Auschwitz

Mensaje  María el Lun 21 Jun 2010 - 5:06

¿CÓMO PUEDE UN SER HUMANO LLEGAR A CAUSAR TANTA ALICCIÓN A OTRO DE FORMA TAN DESCARNADA?

En la puerta de entrada a uno de los diversos campos que componían el complejo (Auschwitz I) se puede leer el lema en alemán Arbeit macht Frei (el trabajo os hará libres) con el que eran recibidos los deportados por las fuerzas SS que custodiaban el centro durante el periodo de funcionamiento, desde su apertura en mayo de 1940 hasta el 27 de enero de 1945, cuando fue liberado por el ejército soviético





TESTIMONIOS REALES

Leo Schneiderman.- Describe la llegada a Auschwitz, la selección y la separación de su familia.

Nació en Lodz, Polonia 1921
Los alemanes invadieron Polonia en septiembre de 1939. Leo y su familia fueron forzados a vivir en un ghetto en Lodz. Leo hizo trabajo forzado como sastre en una fábrica de uniformes. El ghetto de Lodz fue liquidado en 1944, y Leo fue deportado a Auschwitz. Luego lo mandaron al campo de Gross-Rosen para trabajos forzados. Mientras avanzaba el ejército soviético, los prisioneros fueron traslados al campo de Ebensee en Austria, que fue liberado en 1945.

Era tarde la noche en que llegamos a Auschwitz. Cuando ingresamos, en el mismo minuto en que se abrieron los portones, escuchamos alaridos, ladridos de perros, los golpes en la cabeza de los kapos, los oficiales que trabajaban para ellos. Y luego descendimos del tren. Todo pasó tan rápido: derecha, izquierda, derecha, izquierda. Los hombres separados de las mujeres, los niños arrancados de los brazos de sus madres, los ancianos arriados como ganado, los enfermos y los discapacitados como un montón de basura. Los tiraban a un costado junto con maletas rotas y cajas. Mi madre corrió hasta mí, me tomó de los hombros y me dijo "Leibele, no te volveré a ver nunca más. Cuida a tu hermano".

Ruth Webber.- Describe los crematorios de Auschwitz

Como era una niña, aceptaba las cosas como se presentaban porque no había nada que yo pudiera hacer, sólo podía seguir adelante para sobrevivir. Por una u otra razón lo más importante era sobrevivir. Todo el mundo decía lo mismo: "Oh, tenemos que sobrevivir para contarle al mundo lo que está sucediendo". Así era. Sólo por esta razón, porque era increíble. Y la idea de elevarse en forma de humo se volvió realidad porque venía un transporte con mucha gente, y se dirigían en una cierta dirección, y luego desaparecían. Nunca volvían a aparecer. Entonces nos dábamos cuenta de que algo les sucedía, y al ver las chimeneas humeando continuamente, en especial después de un transporte, incluso a mi edad, sumas dos y dos y te das cuenta de que sí, ahí iban, detrás de la cerca que estaba cubierta por mantas y árboles que escondían lo que sucedía ahí detrás. Entrabas ahí y no salías nunca más. Lo que estaba sucediendo no lo sabía con exactitud, todo lo que sabía es que salían por la chimenea. Cuando los crematorios estaban en funcionamiento, quedaba en la boca un sabor dulce que te quitaba las ganas de comer. En esa época, sinceramente puedo decir que a veces no tenía apetito, era tan enfermante.

A partir de 1942, los niños procedentes de todas las zonas ocupadas fueron deportados a Auschwitz. En general los niños pequeños eran asesinados inmediatamente por ser demasiado pequeños para trabajar. Si durante la selección, una madre llevaba a su hijo en brazos, los dos eran enviados a la cámara de gas, porque en estos casos se calificaba a la madre de no capacitada para trabajar. Si era la abuela la que llevaba al niño, era ella la asesinada junto al niño.

Los presos temían el ingreso en la enfermería, puesto que tenían que contar con “la inyección letal”, incluso cuando sólo sufrían “una enfermedad leve”. “La inyección letal” significaba ser asesinado con una inyección de fenol de 10 ccm, inyectada directamente en el corazón. Las víctimas morían en el acto. Con ese método de asesinato se empezó en agosto de 1941.

Sigmund Gorson

“Yo nací en una familia preciosa donde el amor abundaba. Toda mi familia, padres hermanas y abuelos fueron asesinados en el Campo de Concentración, solo yo sobreviví. Para mi fue durísimo encontrarme solo en el mundo, en una situación de terror e infierno como se vivía en Auschwitz, y profundamente solo a la edad de trece años. Los jóvenes de mi edad perdíamos pronto la esperanza de sobrevivir y muchos se tiraban a los alambres eléctricos para suicidarse. Yo no perdía la esperanza de encontrar en esa masa inmensa de personas, a alguien que hubiera conocido a mis padres, un amigo o vecino, para no sentirme tan solo.

Es así como el padre Kolbe me encontró, por decirlo así, en busca de alguien con quien yo pudiese hacer contacto. El fue como un ángel para mi. Como una mamá gallina acoge a sus polluelos, así me tomó entre sus brazos. Me limpiaba las lágrimas. Yo creo más en la existencia de Dios desde aquél entonces. A partir de la muerte de mis padres yo me preguntaba, ¿dónde está Dios?, y había perdido la fe. El padre Kolbe me devolvió la fe.

El padre sabía que yo era un joven judío, pero su amor nos abarcaba a todos. Él nos daba mucho amor. Ser caritativo en tiempos de paz es fácil, pero serlo, como lo era el padre Kolbe en ese lugar de horror, era heroico.

Yo no solamente amé muchísimo al padre Kolbe en el Campo de Concentración, sino que lo amaré hasta el último momento de mi vida”.


Mieczyslaus Koscielniak relata como San Maximiliano había intentado crear en Niepokalanow una escuela de santos, y lo mismo intentó hacer en medio de los horrores de Auschwitz:
“San Maximiliano nos animaba a perseverar con fortaleza, “no se dejen quebrantar moralmente” -nos decía, prometiéndonos que la justicia de Dios existía y que eventualmente los Nazis serían derrotados. Escuchándolo a él, se nos olvidaba el hambre y la degradación a la que eramos sujetos constantemente.

Un día San Maximiliano me pidió un favor. “Nuestra vida aquí es muy insegura”, me dijo, “uno por uno estamos siendo llevados al crematorio, tal vez yo también vaya, pero para mientras, ¿me podrías hacer un favor? ¿me podrías hacer un dibujo de Jesús y María a quienes les tengo gran devoción?”. Se los dibujé del tamaño de una estampilla de correo, y las llevaba en una bolsa secreta que tenía en la correa.

Arriesgando su propia vida o al menos una buena paliza, nos reunió en secreto casi todos los días entre los meses de junio y julio para instruirnos. Sus palabras significaban mucho para nosotros, pues nos hablaba con gran fe sobre los santos que se celebraban cada día, y lo que ellos tuvieron que sufrir. Nos hablaba con gran ardor sobre los mártires que se habían sacrificado totalmente por la causa de Dios, y en Pentecostés nos exhortó a perseverar y a no perder el ánimo, puesto que aunque no todos sobreviviríamos, todos sí triunfaríamos”.

Henry Sienkiewicz era un joven que dormía al lado de San Maximiliano cuando estos llegaron al Campo. “Nunca dejé pasar un día en el que no viera a mi amigo. El Padre se ganaba todos los corazones”.

“Viviendo día a día de la mano de Dios como lo hacía el Padre Kolbe, tenía un atractivo que era como un magneto espiritual. El nos llevaba a Dios y a la Virgen María. No cesaba de decirnos que Dios era bueno y misericordioso. El hubiera deseado convertir a todos en el Campo, incluyendo a los Nazis. Él no solo oraba por su conversión, sino que nos exhortaba a nosotros a que oráramos por su conversión también.

Una mañana en que me iba a hacer trabajo duro, antes de partir se me acercó el Padre y me dio un cuarto de su ración de pan. Me di cuenta de que había sido golpeado brutalmente, y que estaba exhausto, y por ello no quería recibírselo. Además, no recibiría nada más hasta la noche. El Padre me abrazó y me dijo: “Debes tomarlo. Tu vas a hacer trabajo fuerte y tienes hambre”.

Si yo fui capaz de salir con vida, mantener la fe y no desesperar, se lo debo al Padre Kolbe. Cuando estuve cerca de la desesperación y a punto de tirarme en los alambres eléctricos, él me dio fortaleza y me dijo que saldría con vida. “Sólo apóyate en la intercesión de la Madre de Dios”. Él infundió en mi una fe fuerte y una esperanza viva, especialmente en su protección Materna.”


    Si yo fui capaz de salir con vida, mantener la fe y no desesperar, se lo debo al Padre Kolbe. Cuando estuve cerca de la desesperación y a punto de tirarme en los alambres eléctricos, él me dio fortaleza y me dijo que saldría con vida. “Sólo apóyate en la intercesión de la Madre de Dios”. Él infundió en mi una fe fuerte y una esperanza viva, especialmente en su protección Materna.”
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