Sirenas

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Mensaje  Invitado el Lun 29 Dic 2008 - 5:17

Sirenas.

Los Espíritus de la Naturaleza tienen por cuerpos formas de energía y no son estrictamente físicos o materiales en la versión común de los términos, aunque la energía es también una forma material y viceversa, y a diario nos muestra sus efectos en el plano más denso de acción.

El hecho de que la llamada “electricidad” sea energía y normalmente invisible, no quita que al correr por la superficie de un cable metálico produzca fenómenos materiales traducidos en el movimiento de pesadas piezas de una máquina, que a la vez mueve o traslada toneladas de materia. Y todos conocemos los fenómenos meteorológicos que se traducen en rayos y relámpagos, centellas y “luces de San Telmo”.

Por otra parte, la existencia de estados vibratorios intermedios entre la energía invisible y la materia visible, hace que según se rebasan estas fronteras, de “arriba” a “abajo”, la posibilidad de observación humana de los elementales se potencie, aún sin proponérselo.

SIRENAS:
Innumerables son los habitantes de las aguas, especies animales y vegetales aún desconocidas, y lo mismo ocurre con los seres feéricos y legendarios.

Las sirenas son, entre ellos, los más conocidos. Le siguen en popularidad las ondinas y las ninfas.

Quizás algunos hayan oído hablar de las mujeres-foca, de las hadas lavanderas o de las náyades.

Las sirenas eran el equivalente a las ninfas pero en el mar, pues residían en la zona de Sicilia cerca del cabo Pelore. Sus padres fueron Calíope y el río Aquelao, según unas versiones y Forcis y Gea, según otros.

El número exacto de ellas no está totalmente claro, hay quien afirma que eran tres, pero también se dice que fueron cinco e, incluso, ocho.

El cuerpo de las sirenas, a pesar de que vivían en los océanos y de lo que tradicionalmente se ha representado, estaba formado por un cuerpo de ave y un rostros de mujer, por lo tanto, no tenían aletas, sino alas.

Las sirenas detentaban una voz de inmensa dulzura y musicalidad y se prodigaban en cantos cada vez que un barco se les acercaba, por lo que los marineros, encantados por sus sonidos, cuando no podían huir de ellos se arrojaban al mar para oírlas mejor pereciendo irremediablemente.

Sin embargo, si un hombre era capaz de oírla sin sentirse atraído por ellas una de las sirenas debería morir. Fue esto lo que propició el héroe Odiseo, más conocido por Ulises. Cuando Odiseo estaba viajando en barco en una de sus muchas hazañas, halló a las sirenas y para evitar el influjo ordenó a sus tripulantes, según consejo de Circe, que se taparan los oídos con cera para no poder escucharlas mientras que él, se ató al mástil del barco con los oídos descubiertos.

De esta forma, ninguno de sus marineros sufrió daño porque no oyeron música alguna mientras que Odiseo, a pesar de oírlas, habría implorado una y otra vez que lo soltaran se mantuvo junto al poste y pudo deleitarse con su música y cantos sin peligro de su vida. En consecuencia, una de las sirenas tuvo que perecer y esta suerte le sobrevino a la sirena llamada Parténope.
Una vez muerta las olas la lanzaron hasta la playa y allí fue enterrada con múltiples honores. En su sepulcro se instaló después un templo. El templo se convirtió el pueblo, y finalmente el lugar donde fue enterrada esta sirena se transformo en las próspera Nápoles, llamada antiguamente Parténope.
También existe otra leyenda acerca de las sirenas que afirma que los Argonautas también sobrevivieron a su influjo porque Orfeo, que les acompañaba, canto tan maravillosamente que anuló completamente su seductora voz.

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El origen de las sirenas.
Difícil es dilucidar el verdadero origen de las sirenas. Dejando a un lado las antiguas sirenas con forma de mujeres-ave, se dice que la primera mujer-pez conocida fue Atargatis, la diosa de la luna, protectora de la fecundidad y el amor. Atargatis, perseguida por Mopsos, se sumergió en el lago Ascalón con su hijo, y se salvó gracias a su cola de pez.

Esta leyenda se confunde con la de la diosa siria Derceto, que también se arrojó a las aguas del mismo lago, después de matar a uno de sus sacerdotes y abandonar a la hija de ambos en el desierto. Derceto recibió la cola de pez como símbolo de su pecado, y su hija, criada por las palomas, se convirtió en Semíramis, reina de Babilonia.

También puede encontrarse una semejanza con las sirenas en, la diosa Afrodita, hija del semen de Zeus convertido en espuma de mar, que fue diosa del amor y protectora de los marinos. Su espejo ha sido heredado por toda la estirpe de sirenas.

Para buena parte de los sabios griegos, sin embargo, las sirenas tienen por padre a Aqueloo, un río personificado en figura de hombre con cola de pez. En cuanto a la madre, la confusión crece: puede ser la diosa de la memoria, o alguna de sus hijas, las musas. Quizá las sirenas sean hijas de la Elocuencia, de la Danza, de la Tragedia o de la Música. Hasta podrían ser hijas de Ceto, la ballena.


Las sirenas a través de los tiempos.
Aunque las sirenas nacieron de la imaginación de los poetas griegos antiguos, la tradición que éstas inspiraron se transformó y desarrolló con el paso del tiempo, particularmente bajo la influencia del folklore nórdico.

La mitología nórdica. Las leyendas irlandesas e inglesa hacen todas referencia a la presencia de sirenas a lo largo de sus costas, mientras que la mitología germánica las ve surgir de la espuma de las olas.

Las representaciones de sirenas se multiplican durante la Edad Media y se transforman en uno de los temas favoritos de la decoración de los manuscritos. Hacia el año 1200, el cronista inglés Ralph de Coggeshall escribe: “Durante el siglo pasado, bajo el reinado del rey Enrique II, unos pescadores de Oxford capturaron en el Canal de la Mancha a un hombre desnudo, que nadaba con soltura bajo las aguas.

Encerrado durante varios días, éste se alimentó principalmente de pescado. No pronunciaba las más mínima palabra, aun bajo las peores torturas y tenía la piel como escamada en la zona de las piernas. Devuelto al agua, rasgó la red que lo retenía y consiguió hacerse mar adentro.

Las sirenas de Cristóbal Colón. Mientras se encuentra frente a las Antillas, el navegante cree divisar tres de estas criaturas que bailan en el agua. Son feas y mudas, pero él descubre en su mirada una cierta “nostalgia de Grecia”.

La apariencia física de las sirenas evolucionó. En la época griega, eran representadas como seres alados, con cara humana y cuerpo de ave. Su transformación en criaturas mitad mujer, mitad pez, con la parte inferior recubierta de escamas, se remonta aparentemente a la Edad Media y a las leyendas Celta y germánicas.

Su nombre proviene del término latino siren, que a su vez proviene del griego seirén, de la palabra seim, lazo, cuerda, recordando sin duda el poder cautivador de las sirenas.
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Mensaje  leydygata el Dom 22 Feb 2009 - 10:01

La sirena de Ray Bradbury

La mejor descripción que he leído nunca sobre una sirena, sea cual sea ésta su forma, la he encontrado en unas páginas del escritor de Ciencia Ficción Ray Bradbury:

"Era como si una luz entrara en una habitación verde.

El océano ardía. Una fosforescencia blanca se agitaba como una bocanada de vapor en la mañana del mar otoñal, subiendo. De la garganta de algún oculto abismo del mar subieron burbujas.

Como una luz en el invertido cielo verde del mar, la criatura despertaba, animándose. Era vieja y hermosa. Llegaba de las profundidades, indolente. Una caracola, una gavilla, una burbuja, un resplandor, un murmullo, un arroyo. Suspendidas en las profundidades abisales había ramas de coral escarchado, como cerebros, pepitas como ojos de algas amarillas, hierbas sueltas como cabellos. Crecida con las mareas, crecida con las edades, juntada y atesorada y acumulada en identidades de sí misma y polvo antiguo, tinta de calamar y todas las bagatelas del mar.

Y ahora tenía conciencia".

Pertenecen estas líneas al relato titulado "Las mujeres", que aparece en el libro "Fantasmas de lo nuevo", publicado en España por Minotauro. Ray Bradbury hace posible la reinvención del mito. A veces, la Ciencia Ficción encuentra acomodo en ese brillante ejercicio intelectual de imaginar a los protagonistas fantásticos de las viejas leyendas, desde nuevos puntos de vista. Sirve el mito como argumento básico, pero los escritores -y los lectores- del siglo XXI pueden permitirse visiones nuevas, acordes con los impactos visuales de un mundo heredado de descubrimientos, avances tecnológicos, cadenas de ADN y exploraciones espaciales.

Las sirenas de Ray Bradbury no tienen ni pechos de mamífero ni cola de pez, al menos en esta dimensión:

"Era una resplandeciente inteligencia verde, respirando en el mar otoñal. No tenía ojos pero veía, no tenía oídos pero oía, no tenía cuerpo pero sentía. Era del mar. Y por ser del mar era femenina.

No se parecía nada a un hombre o a una mujer, pero tenía maneras de mujer: sedosas, astutas, escondidas maneras. Se movía con una gracia de mujer. Tenía todas las cosas malas de las mujeres vanas."

No vamos a entrar a valorar la visión que de la mujer pueda tener Bradbury según esa descripción, pero quizá sí que acierta con ella a poner de manifiesto la verdadera esencia de la sirena mitológica. Porque tampoco los antiguos describieron una sirena concreta, y antes que la imagen tradicional de mujer-pez, apareció la sirena mujer-ave. Más parecía que la leyenda trataba de difundir la imagen abstracta de lo femenino, desde el punto de vista de los hombres, claro, y para ello se valía de una alas por lo etéreo y lo divino, un rostro por lo bello e inteligente, una cola de pez por el principio fértil de las aguas.

Y ahora nos encontramos con otra forma de sirena, nada humana, salvo por su conciencia, o quizá por ello simbólicamente humana. Es una sirena que cualquiera hubiera podido ver en el mar, sin saber que era una sirena. No olvidemos la tesis científica según la cual en la actualidad no se conocen más del 40% de los seres vivos que habitan en las profundidades de mares y océanos.

"La blanca espuma, la rama de coral escarchado, la pepita de alga bronceada, el polvo de la marea descansaban en el agua, esparciéndose".

Como las antiguas sirenas, la de Bradbury atrae a los hombres, en este caso no a los marinos, sino a los bañistas, y lo hace de la misma manera que sus antepasadas, con la música, pero entendida de manera parecida a un lenguaje de ondas cerebrales.

"El hombre moreno seguía tendido en la arena, junto a la mujer del traje de baño negro.
La música se levantaba como bruma del agua. Era una música susurrante de ondas profundas y años pesados, de sal y viajes, de rarezas aceptadas y familiares. La música sonaba como el agua en la orilla, la lluvia que cae, el movimiento de unos miembros suaves en los abismos. Era una voz perdida en el tiempo, cantando en una honda caracola. El silbido y el suspiro de las mareas en las bodegas abandonadas de barcos de tesoros. El sonido del viento en un cráneo vacío, sobre la arena calcinada".

Y cuál sea la razón por la que la sirena legendaria desea atraer al hombre también parece ser adivinado por Bradbury:

"La bruma se agitó silenciosa en el agua, muy abajo, sintiendo aún la presencia de la cara y el cuerpo del hombre. Sintiendo al hombre apresado, sujeto, mientras se hundían diez brazas, por un canal que los llevaba caracoleando y girando con ademanes frenéticos a las profundidades de un golfo oculto en el mar."

El final de la historia, sin embargo, no es como el de Ulises. No vamos a desvelarlo, tan sólo diremos que la sirena de Bradbury cree al fin ser muy parecida a la mujer humana, y, desde luego, ambas parecen dibujarse, confundidas en una misma imagen, ocultas en el transfondo de la leyenda antigua.

"La forma suave, la espuma, la hierba, las largas hebras de extraño pelo verde flotaban en el agua. En el resplandor agitado, muy abajo, estaba el hombre".
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Mensaje  María el Dom 22 Feb 2009 - 12:02

Las sirenas son seres que han fascinado e intrigado al hombre desde hace miles de años. Han llegado hasta nuestros días tal y como se las describía en el pasado, con forma de hermosas mujeres de cintura hacia arriba, pero con escamas plateadas y cuerpo de pez de cintura hacia abajo. A menudo se las ha representado tumbadas sobre las rocas, con un espejo y un peine, desenredando sus largos cabellos durante horas. Se acicalan con esmero, de modo que siempre aparecen bellas, y sobre todo, muy seductoras. Sus cabellos largos suelen ser rubios o castaños, sus ojos verdes o azules, y sus dientes son pequeños y perfectos, de un color blanco inmaculado. Su cintura, caderas, hombros y pecho están siempre perfectamente proporcionados. Y aunque su hermosura es asombrosa, quienes las han visto las han considerado seres de belleza un poco fría, como de "fuera de éste mundo".

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Los antiguos celtas creían que las sirenas podían adoptar forma humana en su totalidad, es decir, con piernas en vez de cola de pescado, con sólo desearlo. De ese modo, algunos relatos nos cuentan cómo estas criaturas aparecían de repente en aldeas y pueblos costeros en épocas de fiestas, para danzar y cantar mezcladas entre las gentes, sin que nadie supiese de dónde provenían. Eso era debido a su amor por la música, que las hacía sentirse irremediablemente atraídas por ella, para luego volver a desaparecer entre las aguas sin volver a ser vistas. Aunque a veces podía adivinarse su origen con solo mirar la parte baja de sus vestidos, que siempre estaban mojados. También han llegado hasta nosotros descripciones celtas que describen a sirenas de tamaño monstruoso, con enormes brazos y dedos, que provocaban tempestades y el hundimiento de los barcos.

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También los griegos de la antigüedad tenían un mal concepto de estos seres acuáticos. Pero hay que destacar una cosa importante respecto a éstos seres, y es que hay dos tipos de sirenas muy distintas entre sí:

1.- Las sirenas de las que habla la mitología griega más antigua eran una extraña mezcla de mujer y de ave. Eran seres malvados, pues con sus dulces cantos y su nostálgica música atraían hacia sí a los hombres, para luego lanzarse sobre ellos y devorarlos. Se aficionaron a comer carne humana, y devoraban a los marineros después de atraerlos hasta las rocas. Sus voces eran tan seductoras y dulces que los hombres no podían resistirse a ellas, y al escucharlas, se lanzaban al agua para nadar con rapidez hacia la costa. Pero una vez allí, las sirenas se lanzaban sobre ellos y los devoraban, cubriendo con sus huesos toda la isla.

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Durante mucho tiempo, fueron un peligro para la navegación. De hecho, uno de los mayores peligros a los que se enfrentaban los griegos cuando navegaban por el Mediterráneo con sus naves, era, precisamente, encontrarse con las sirenas en sus viajes. La literatura clásica contiene muchos ejemplos de ello, y nos habla de dos casos en los que los marineros lograron eludirlas. Un ejemplo lo encontramos en las aventuras de Ulises. Pudo librar a su tripulación de morir devorada por estas criaturas, haciendo tapones de cera con los que todos se taparon los oídos, de modo que no escucharon los cantos que éstas proferían para poder atraerlos, y él mandó que lo ataran al mástil principal para resistirse a lanzarse al agua.

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En la Edad Media, las sirenas pasaron a formar parte de los bestiarios más selectos. También eran consideradas criaturas peligrosas, pero en éste caso, porque simbolizaban las tentaciones del mismísimo diablo. Sin embargo, en ocasiones se han descrito como seres "con cuerpo lleno de plumas", confundiéndolas claramente con las arpías, seres que nada tienen que ver con las sirenas.

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2.- Las sirenas, tal y como han llegado hoy día han llegado hasta nosotros, con medio cuerpo de mujer y medio de pez, se han visto en casi todas las partes del mundo. Aunque parecen preferir las aguas frías antes que las cálidas, y por eso han sido vistas con más frecuencia en las costas inglesas y en los fiordos nórdicos. Tienen su propia cultura, y desde luego, su propio idioma. Aunque pueden hablar también el de los humanos que viven en las costas más próximas al lugar en el que tengan sus colonias. Como son muy dadas a cercarse a las orillas, pues adoran las playas con suaves y doradas arenas, se cree que viven más en el litoral que en mar adentro. Cuando más han sido vistas por los pescadores, es cuando el mar está agitado. Es entonces cuando aprovechan la ocasión de jugar entre las enormes olas del mar embravecido, saltando, jugando y desapareciendo después en lo más profundo de las aguas.

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Pero no solo las terribles sirenas de las que hablábamos antes, (con medio cuerpo de ave), empleaban sus dulces cantos para atraer a los hombres, pues eso también lo han hecho en numerosas ocasiones las hermosas criaturas con medio cuerpo de pez. Aunque desde luego, nunca con la intención de devorar a nadie. Esos hermosos cánticos han sido descritos por los autores de la antigüedad como seductores, suaves y melodiosos, cargados de dulzura y de atracción. Aunque respecto a esa atracción, hay disparidad de opiniones. La mayoría de esos autores creen que radica en la promesa de placeres carnales; para otros, en la promesa de adquirir conocimientos de carácter mágico; y para algún otro sector estudioso del tema, la atracción de sus cantos va acompañada de su poder profético, pues se dijo durante mucho tiempo, que estos seres tenían el don de la profecía, de la que alardeaban en su música, sabiendo que pocos hombres se resistirían a ello.

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Y quizá se trate de una extraña mezcla de todo ello, lo que levantaba tanta fascinación entre los marineros, porque fueron muchos los que en el pasado, sucumbieron ante sus encantos.

Han llegado hasta nosotros varios relatos de hombres enamorados de sirenas, algunos de los cuales terminaron incluso en boda, pues cuando una sirena se enamora de un mortal y decide vivir con él, pierde su cola de pescado y adquiere dos hermosas piernas. Pero en ninguno de esos matrimonios la felicidad puede durar mucho. La nueva mujer humana pronto echará de menos a su numerosa familia, y añorará tanto la libertad del mar y de su vida anterior, que acabará abandonando a su esposo para volver a nadar entre las olas, regresando junto a los suyos, que la recibirán con enorme alegría.

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Pero como dijimos antes, no todos los relatos que han llegado hasta nosotros hablan de sirenas malvadas, que provocan el hundimiento de los barcos. Las historias que tienen como protagonistas sirenas buenas, nos llegan sobre todo de los países escandinavos, donde éstas criaturas, no son ni mucho menos seres malvados. Por eso, hay tradiciones que nos hablan de sirenas con grandes conocimientos en botánica, que utilizaron su sabiduría para ayudar a salvar la vida de muchas personas, principalmente de mujeres jóvenes, que morían en gran número como consecuencia de la tisis. En una ocasión enseñaron a hacer caldos de ortigas, y de artemisa para combatir esa dolencia, que durante muchos años, llevó a la tumba a cientos de doncellas. Además, algunas tenían también el don de la profecía, y las hay incluso que podían conceder deseos a quienes se los pidieran. Sin embargo, eso hizo también que los hombres capturasen sirenas en más de una ocasión, impulsados por el afán de hacerse con sus conocimientos y por la codicia de utilizar sus dones en su propio provecho. Y eso hizo que las sirenas que perdieron su libertad acabasen muriendo, no solo por estar alejadas del mar, sino también por causa de la melancolía, al verse cautivas y prisioneras, lejos de su hogar y de sus seres queridos.

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